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¡Ojo a esos lentes!
Cambiar ojos tristes, biliosos o miopes por córneas y pupilas “radiantes” ya está a disponibilidad de quien camine por nuestros siempre versátiles tianguis. En la capital donde algunos de sus habitantes dicen que todo se puede, ya no necesita uno acudir con el oftalmólogo o a la óptica preferida para recetarse unos lentes. Basta con salir en una boca del Metro y preguntarle al vendedor ambulante cuál le calcula que será nuestra graduación idónea.
Además de micas “importadas” para todos los aumentos, hay también puestos de lentes de contacto, algunos de los cuales, además de permitirnos leer la carátula del reloj, pueden brindarnos un aspecto como de… gato siamés, tigre de bengala o cebra; también, tonos color miel, rojo sangre o una gama de tonalidades de azul y verde; inclusive grises, como el asfalto donde la gente los puede adquirir a la mitad de su costo típico.
--¡Aquí están sus Soflens de colores en todas las graduaciones, güerita; acérquese sin compromiso! –gritan optometristas de banqueta sobre ese tianguis que el lector ya conoce, o como ejemplo específico, junto a la estación Chapultepec del Metro… a unos pasos de la oficina del señor secretario de Salud.
Venden en vía pública artículos especializados
Hacen de salud negocio redondo
Ernesto Osorio/Periódico Reforma/23 Septiembre 2008
El comercio informal en los alrededores del Hospital General y el Centro Médico crece conforme las necesidades de pacientes y médicos.
En los puestos, lo mismo se puede comprar una garnacha que anteojos graduados, aparatos para rehabilitación y remedios naturistas.
Más adelante, está Euclides Jiménez, joven padre de familia, quien trabaja en el puesto de anteojos, propiedad de su suegro.
"Te traen la receta y depende de lo que sea, la surtimos, si es miopía no tenemos las graduaciones, pero para la vista cansada tenemos lentes graduados", dice el ambulante quien se coloca su bata de optometrista para trabajar.
"Los flexibles, son de 50 pesos, pero hay otros con su estuche y cuestan 30", presume el comerciante.
El chiste de Catón tuvo mucho éxito así que aquí van otros tres chistes del mismo autor que han aparecido en los periódicos:
Los viejitos se amaban con ternura. Le dice él a ella: "¡Cómo quisiera verte!" Le dice ella a él: "¡Yo también quiero verte!" "Entonces -propone él-. ¿Qué te parece si vamos con el optometrista a que nos ponga lentes?"...
Babalucas necesitó un examen de la vista. El optometrista lo pone frente al cartel con letras y le muestra la primera línea: QFRTHKZVDLW. "Lea eso" -le dice-. Después de un rato de ardua concentración le pide Babalucas: "Déme una ayudadita, doctor. ¿En qué idioma está eso?"...
El oficial del Registro Civil le pregunta a la joven madre: "¿Apellido del niño?" Responde ella: "Wgrtpfxzynsk". "¿Es polaco el papá?" -inquiere el funcionario. "No -responde la muchacha-. Es optometrista"...